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Archive for the ‘Historia de la Música’ Category

El clavecín en su contexto histórico

viernes, mayo 4th, 2012

Esta es la tercera entrega del artículo “El clavecín en su contexto histórico” de Lissa Burkholder. Para consultar las anteriores entregas ir a los posts de meses anteriores.

III. Los Ruckers y Amberes: el epicentro

Pues bien, estos fabricantes inquietos, inventivos e inspirados, los Ruckers e hijos, fueron ciertamente productivos (los académicos estiman su producción en hasta ochenta instrumentos al año). Pero la situación no siempre era plácida, ni tampoco previsible, ya que aunque en el año 1550 la ciudad de Amberes era «el centro de toda la economía internacional» tuvo que pasar todo tipo de vicisitudes a medida que avanzaba el siglo.

Aquel Amberes era el equivalente de ciudades como Tokio o Nueva York en la actualidad. Se amasaron fortunas con el comercio, inicialmente de la pimienta (en el puerto atracaban barcos portugueses cargados de pimienta y canela) y después con el de la plata y el textil. La también flamenca ciudad de Brujas había perdido su estatus de puerto, al quedar obstruido por los sedimentos arrastrados por el Zwin, y el puerto de Amberes logró la principalidad, situado como estaba en el estuario de un río sujeto a las mareas com es el Escalda. Cientos de barcos pasaban por él cada día, según el enviado veneciano. Con la elevada liquidez de su bolsa, los financieros prestaron dinero al gobierno inglés durante treinta años (del 1544 al 1574), ya que los banqueros londinenses no tenían suficiente peso para operar a esa escala. Se estima que el puerto de Amberes proporcionaba a la corona española siete veces más ingresos que las Américas. La abundancia se notaba en todas partes: aristócratas ricos, mercaderes acomodados … Se gastaba no sólo en las cosas del día a día; también en cuadros, en ropa de fantasía, en música … Y la música, en aquella época, no eran las cadenas estéreo de alta fidelidad, sino INSTRUMENTOS. Analógicos. Y acústicos. Y todo el mundo quería tener un clavecín en casa, y si no era un clavecín, pues un virginal, o quizá ambas cosas. A las hijas se les prohibía trabajar, pero se les permitía estudiar música y tocar aquellos instrumentos adorables. Había demanda, y allí estaban los Ruckers para satisfacer aquella demanda.

La clase de música, de Jan Vermeer

El clavecín en su contexto histórico

viernes, abril 6th, 2012

Esta es la segunda entrega del artículo “El Clavecín en su contexto histórico” de Lissa Burkholder.

II. Los Ruckers, los «Stradivari» del clavecín

Aunque la historia del clavecín abarca cinco siglos, esta entrega, sin embargo, está pensada para ser leída en pantalla, así que no podremos profundizar tanto. De todos modos, para entender qué ES el clavecín y qué significa hoy en día tendremos que intentar hacernos una idea de qué FUE. Porque FUE mucho más de lo que ES ahora; aunque en los últimos decenios está conociento un retorno espectacular.

Más que extendernos en estos cinco siglos de historia, os invito a dar un salto atrás juntos hacia un lugar, Amberes (Flandes, actualmente parte de Bélgica), en un momento concreto, el siglo XVI, entrando en el XVII.

Un lugar, AMBERES, y una familia, los RUCKERS (que también encontramos escrito como Ruckaert, Ruckaerts, Rucqueer, Rueckers, Ruekaerts, Ruijkers o Rukkers). La dinastía Ruckers-Couchet de lutiers de clavecines. En el mundo lutier, estos nombres significan tanto para el clavecín como el nombre Stradivarius significa para el violín.

Qué ERA el clavecín: el epicentro del refinamiento. En cualquier lugar, por toda Europa, se lo podía escuchar en solos o bien haciendo las veces de guitarra rítmica tocando el basso continuo en formaciones pequeñas. Y el hipocentro del epicentro de aquel refinamiento, tanto en los siglos XVII y XVIII como a día de hoy, son los instrumentos Ruckers, por su producción impecable, por su tono preciosamente equilibrado. A lo largo de ciento treinta años, esta familia, con el patriarca Hans Ruckers a la cabeza, aprendieron el negocio y lo traspasaron durante cuatro generaciones, formaron parte del gremio profesional y consolidaron una clientela (de hecho, además del comercio local, contando con el magnífico puerto de Amberes al lado de casa, también se dedicaron a la exportación por todo el norte de Europa, así como por América del Norte y del Sur), introdujeron y perfeccionaron todo tipo de innovaciones (fueron los pioneros en introducir un segundo teclado), sofisticaron su técnica, los materiales, los diseños y las decoraciones de una variadísima gama de clavecines y de virginales, enseñaron a sus hijos, que se casaron y tuvieron hijos…

Todo esto es cierto, totalmente cierto. ¿Verdad que suena productivo, plácido, previsible?


(Paisaje de invierno con una trampa para pájaros, pintura de 1565 de Pieter Brueghel el Viejo)

El 1r fascículo de este artículo fue publicado en marzo – ver abajo. Y la historia continuará en mayo, aquí, con “Los Ruckers, Amberes: el epicentro”.

El clavecín en su contexto histórico

domingo, marzo 4th, 2012

La clavecinista de Música de Regalo, Lissa Burkholder, nos abre la puerta al fascinante mundo de este instrumento con su artículo “El clavecín en su contexto histórico”. Hoy publicamos el primero de sus siete fascículos. El resto aparecerán mensualmente de abril a septiembre.

I.  ¿Cómo definir un clavecín?

Una definición tipo diccionario podría ser, por ejemplo (extraída del glosario de la Guía de la música de piano y de clavecín, publicada en francés en París en 1987 [Fayard] y dirigida por François-René de Tranchefort):

«Clavecín: (características técnicas) instrumento compuesto de una caja montada sobre patas, cuyo conjunto adopta la forma aproximada de un ala de ave (de ahí su nombre en alemán: Flügel). En los instrumentos de mayores dimensiones, esta caja alcanza los 2,30 metros de largo por 0,90 de ancho. Las cuerdas metálicas, paralelas al lado más largo, tienen longitudes decrecientes, están tensadas sobre caballetes y fijadas con clavijas. Las vibraciones se transmiten a la tabla armónica. Cuando se toca una tecla (en el gráfico de debajo, el número uno indica la posición en reposo), un plectro de piel dura o de pluma de ave roza la cuerda (el punto azul) al pasar (2 y 3). Cuando el martinete vuelve a caer, un ingenioso dispositivo impide que el plectro vuelva a pinzarla (4)».

Ya tenemos la base técnica de la producción del sonido.

Sin embargo, todo esto suena muy prosaico, mientras que el sonido del clavecín es algo absolutamente poético… Así que, en mi segundo intento de describirlo, recurro a la poesía:

[...] sentía las notas subiendo del suelo
como si la habitación se inundara de
agua cristalina, muy lentamente,
así fluye sobre mis entrañas esta música,
volátil y fugaz como una carrera
en la que vamos pisando estrellas
y éstas se iluminan nota a nota
y van correteando por mi piel y por mi cuerpo,
una plenitud de luna bien redonda
llega al par de cada toque delicado y exacto.

Extracto de Reacciones de una oyente al escuchar el clavicémbalo de Princesa Inca.
Las primeras palabras de su poema son: «Imagino dos manos que, con los dedos, tocan las estrellas, una a una, rápido….», las que ella misma dibujó a la derecha de la ilustración de David Mirás en la que toco mi clavecín (o “clavicémbalo”; un nombre viene del francés, y el otro del italiano) de un solo teclado (ver debajo).

«Imagino dos manos que, con los dedos, tocan las estrellas, una a una, rápido, y estas estrellas relumbran al tocarlas… ».

No se puede decir más a través de las palabras. En realidad, la respuesta se desvela al escuchar el clavecín en directo, desde una distancia media.

Seguirá en abril con el fascículo II,  “LOS RUCKERS:  los ‘Stradivari’ de la construcción de clavecines”.

22 de noviembre, día de Santa Cecilia, patrona de la músicos

martes, noviembre 22nd, 2011

Hay quienes cuestionan el hallazgo a finales del s. XVI del cuerpo incorrupto de la mártir romana Sta. Cecilia (s. III?), que Stefano Maderno dice en una inscripción haber visto tal como la esculpió, indicando con sus dedos “1” y “3”, la creencia católica en la Santísima Trinidad, tres personas en un solo Dios.
También está envuelto en misterio la asociación de esta mártir romana en particular con la música, que tan popular fue que el Papa Gregorio XIII la declaró Patrona de la música y de los músicos en 1584. Algunos piensan que se relaciona a Sta. Cecilia con la música porque se dice que cuando se casó por deseo de su padre (a pesar de haber decidido ofrecerse al Señor), mientras los músicos tocaban, la santa cantaba a Dios en su corazón.

La santa le reveló a su esposo pagano Valeriano que ella podía ver a su ángel custodio, quien se ofendería si él no respetara su virginidad y a quien vería si creía en el verdadero Dios y se bautizaba, lo cual hizo. Tanto Valeriano como su hermano fueron martirizados tras convertirse a la fe cristiana. Sta. Cecilia ayudó a muchas otras personas a convertirse también, y por eso la condenaron a morir sofocada en su casa por los gases de un horno. Terminaron su martirio decapitándole.
El profesor de historia de música Jesús Ignacio Pérez Perazzo explica en “Santa Cecilia: ¿Patrona de la Música y de los Músicos?” dos razones más probables del famoso patronazgo de la santa:
“El hecho más probable para que se le relacione con la música es, porque desde muy joven y de acuerdo con las costumbres y tradiciones de las familias patricias romanas, Cecilia debió de iniciarse y tocar algún instrumento musical, probablemente la lira, la cítara o algún tipo de arpa de las utilizadas por las damas de la sociedad romana.

“[… Además,] El texto del Acta dice: ‘Candéntibus órganis Cæcilia Dómino decantábat dicens…’ o lo que es igual: ‘Mientras estaba el horno al rojo vivo, Cecilia cantaba al Señor diciendo…’ El copista de la época en que se realizó la trascripción debió de traducir la palabra Órgano –que para la época de Cecilia, siglo III, significaba: especie de fuelle, herramienta o utensilio para hacer insuflar algo-, por el neologismo que nombra al instrumento musical actual que derivó del Hydraulis utilizado por los romanos para animar incluso, las festividades del circo romano.”


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